¿Hasta cuando?

25 de junio de 2007. Esa tarde calurosa en Buenos Aires, Nueva Chicago (Mataderos) y Tigre (Victoria) disputaban una promoción (partido de ida y vuelta para definir cuál asciende a primera A y cuál desciende a la categoría B). El primero hacia las veces de local. Era un verdadero clásico y miles de corazones se paralizaron frente a los televisores para presenciar una tarde histórica.

Pero lo que sería un espectáculo terminó siendo una tragedia. Un hombre de 41 años (hincha de “El Matador” de Victoria, Tigre) falleció tras recibir una pedrada cerca del estadio de Nueva Chicago. La violencia se desató cuando los locales invadieron el campo de juego, antes del final del partido. Una vez en el campo de juego, estos “delincuentes” atacaron al público visitante y dieron inicio al enfrentamiento que siguió en las calles de Mataderos aledañas al estadio. El equipo de Victoria ganaba 2-1 y tenía un penal a favor. Pero el partido terminó suspendido, y Tigre – que ascendía a la máxima categoría del fútbol argentino ni siquiera pudo festejar en el estadio – ya que la batalla campal dejó un saldo de 1 muerto, 14 heridos y 78 detenidos.

Todo comenzó con un penal para Tigre. El partido se terminaba y el “Matador” de Victoria ganaba 2-1. Ascendía a Primera División. Los hinchas se preparaban para invadir el campo de juego y festejar el regreso a la máxima categoría tras 27 años. Pero la gente de Nueva Chicago se les anticipó. Enojados por el descenso de su equipo, saltaron a la cancha, robaron prendas a sus jugadores y fueron directamente a enfrentarse con la parcialidad que llegó desde Victoria. ¿El partido? No pudo seguir. ¿Los incidentes? Se convirtieron en otra mancha negra para el fútbol de nuestro país.

El árbitro del encuentro, Gustavo Bassi no tuvo oportunidad ni siquiera de finalizarlo y debió suspenderlo. Tanto él como los jugadores salieron disparados hacia los vestuarios, mientras que los miles violentos aumentaban en cantidad su presencia en el campo de juego. Algunos de ellos preocupados por conseguir alguna prenda de sus jugadores que afrontarán la próxima temporada en la B Nacional, pero la mayoría con la mente fija en tomarse revancha contra los cientos de hinchas visitantes.

Más de uno de los simpatizantes de Tigre que ya estaban del lado de adentro, preparados para saltar, se llevaron una desagradable sorpresa. Ninguno de esos la pasó bien. Eran muchos los hinchas del “Torito” (nombre que recibe Nueva Chicago) que pegaban a más no poder. Pero no alcanzó con eso. Los violentos, locales, barrabravas e inadaptados rompieron el alambrado y arrojaron piedras, carteles de publicidad y todo lo que estaba a su alcance para agredir a los hinchas de Tigre, quienes en lugar de disfrutar de un espectáculo deportivo y celebrar la victoria y el ascenso debieron huir, con la triste noticia de saber que uno de los suyos había fallecido. ¿La policía? Un puñado de efectivos metidos en el medio, intentando parar los desmanes, con resultado negativo.

Pero no todo terminó dentro del campo de juego. La batalla campal entre las dos hinchadas siguió en las inmediaciones del estadio, llegando hasta General Paz, a cinco cuadras de donde comenzaron los incidentes. En las intersecciones de la colectora de la avenida que divide a Capital Federal y Provincia, con la calle de los Corrales, se registraron varios destrozos y ataques de todo tipo, con la policía intentando intervenir, pero sin resultado alguno. Una cuadra de autos destruidos y un micro de hinchas demorado fueron el saldo de ese enfrentamiento. Una verdadera locura.

 

Como consecuencia de un pésimo operativo de seguridad y la inoperancia policial, diez policías fueron atendidos con heridas, en consecuencia de los incidentes, al igual que una cantidad importante de hinchas.

Más allá de eso, la justicia clausuró el estadio, debido a la presencia de un fiscal contravencional y la “condena” de la opinión pública y los medios de comunicación, quienes rápidamente acusaron a las fuerzas policiales y la AFA de no poseer o llevar a cabo un plan u operativo pertinente de seguridad para un partido decisivo y con dos hinchadas violentas como son la de Tigre y la de Nueva Chicago.

A más de 5 años de aquel encuentro los responsables de aquel operativo aún no aparecen. Es la justicia que tenemos en Argentina y hechos violentos evitables que se repiten cada fin de semana en nuestras canchas. Una vergüenza nacional. ¿Hasta cuándo?

                                                                                                                           Nicolás De Brasi

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