Carlos Azcurra, víctima de la policía

Carlos Azcurra jugador de futbol profesional debutó como defensor en Primera División en el Algarrobal y luego vistió las camisetas de Independiente Rivadavia, Estudiantes de Buenos Aires y Tigre.

El 11 de Septiembre cuando jugaba para San Martin de Mendoza en un partido de la Primera B Nacional fue baleado por el cabo Marcial Maldonado en un sector del campo de juego en momentos que intentaba detener la represión policial a un grupo de simpatizantes del club, entre los que había familiares del plantel.

Azcurra recibió un disparo de escopeta con carga de bala de goma a menos de un metro de distancia, lo que le valió perder parte del pulmón derecho, entre las lesiones más grave que sufrió. De inmediato y en medio de un caos fue trasladado al hospital, donde lo operaron de urgencia para extraerle las balas que habían alojadas en su cuerpo.

Después de permanecer varios días en terapia intensiva se logro salvar de milagro pero en la operación le tuvieron que extirpar el pulmón derecho ya que lo tenía afectado por el accidente.

Maldonado fue separado en un principio de la Policía, pero por un cambio de carátula en la causa que finalmente fue catalogada como “lesiones culposas”, ahora cumple tareas administrativas en la fuerza y no lleva consigo armas, ni uniforme.
Azcurra reveló que ni su agresor ni ningún integrante de la fuerza lo llamó para conocer su estado de salud.

En momentos de sufrir la agresión, Azcurra tenía contrato con San Martín de Mendoza hasta junio del 2006, y una vez que se venció el vínculo, el club decidió no renovarlo porque no había recibido todavía el alta médica. Aunque su lesión pudo costarle la vida, los dirigentes de San Martín no respetaron ese aspecto de la legislación y se desentendieron del tema y, si no hubiera sido por el apoyo que le brindó Futbolistas Argentinos Agremiados, desconoce que hubiera sido de él.

El mundo del fútbol se conmovió con el caso Azcurra y la provincia de Mendoza no fue la excepción, ya que desde entonces la Policía concurre sin armas de fuego a los estadios.

Tras haber sido baleado, a Azcurra lo llamó Diego Maradona -para invitarlo a su programa de televisión, La Noche del Diez, y el presidente de AFA Julio Grondona, con quien estuvo reunido.

Tras un acuerdo extrajudicial, Azcurra  recibio 300 mil pesos como resarcimiento de haber sido baleado.

Hoy en día Carlos Azcurra con 34 años pudo volver a jugar al futbol en el modesto Atlético Trinidad de la provincia de San Juan que actualmente se desempeña en el Torneo Argentino B. A pesar de haber vuelto a su gran pasión nadie le devolverá los 7 años de carrera perdidos por una injusticia policial.

Manuel López Blanco

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Insólito: Cortejo Fúnebre en medio de un partido de fútbol.

Por segunda vez en 2012, la barra de Los Alamos, que dominó la tribuna hasta 2010 cuando la perdió a manos de la gente del Monte, utilizó el estadio de Quilmes para homenajear a un hijo muerto de José María, jefe del grupo. 

En abril del corriente, habían realizado una celebración similar por otro integrante y esta vez por José María Fernández, tocayo e hijo del ex líder, quien falleció (a los 15 años) el domingo pasado tras chocar en una moto de frente contra un patrullero en medio de una persecución policial, tras haber asaltado a una pareja, junto a un compañero (detenido), en la intersección de las calles Unamuno y Magallanes.

A diferencia de la última vez, en la que ingresaron dentro del campo de juego a la fuerza, en esta ocasión poseían, insólitamente, permiso de la dirigencia del Cervecero. La idea era hacer el cortejo fúnebre a las 13.30, una vez finalizado el entrenamiento del plantel de Primera y antes de que comience el encuentro de Reserva ante Unión. Sin embargo, se atrasaron y el nuevo acuerdo era realizarlo en el entretiempo. Pero arribaron, disparando al aire, en pleno segundo tiempo. Alrededor de 200 personas ingresaron a la tribuna obligando al árbitro, Sebastián Habib, a detener el partido.

“Le dije al árbitro que lo frene porque era una situación incómoda para todos. Me dijo ‘lo suspendo’, le respondí que estaba bien porque se iba a tener que hacer cargo él. Después se fueron y seguimos”, afirmó Alfredo Grelak, DT de la reserva quilmeña. 

Quien parece haberse asustado por el hecho fue el portero de Unión, Joaquín Papeleo, que en su cuenta de Twitter declaró: “Tiraron un par de tiros, buen cagazo me pegué, estaban atrás del arco donde yo estaba”. En cinco minutos, los hinchas se fueron con el cajón, dejando una pintada que decía “Josecito vive”.

Otro episodio vergonzoso, que incluye violencia injustificada en el fútbol argentino.

 

Maximiliano Fourcade

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Interna en Los Borrachos del Tablón: asesinato a Gonzalo Acro

Gonzalo Acro de tan solo 29 años a la edad de su muerte era un hincha fanatico del Club Atletico River Plate. Su mejor amigo llamado Matias goñi vivía enfrente a un puesto de diarios cuyo dueño era Luis Pereyra, alias el diariero, líder de Los Borrachos del Tablón en los 90. Acro y goñi pasaban la gran mayoría de los días junto al diariero y comenzaron a ganarse la confianza de unos de los barras más famosos del país. Comenzaron a ir a la cancha bajo su protección y la de la barrabrava, obviamente con el privilegio de no pagar la entrada.

En 1996 Pereyra es encarcelado tras el crimen del hincha de Independiente, Christian Rousoulis, ocurrido a la salida de un partido en Avellaneda. El liderazgo, a partir de ese entonces, comenzó a ser ganado por Alan Schlenker y Adrián Rousseau, amigos inseparables  en aquellos años en los que eran llamados “los patovicas”. Acro y Goñi  comenzaron a escalar posiciones dentro de la barra y se transformaron en hombres de confianza de los jefes.

Acro estudiaba la carrera de periodista deportivo, pero decidió abandonar la carrera a principios del 2000 cuando, por su posición de privilegio dentro de Los borrachos del Tablón, recibió una oferta tentadora: trabajar en el club, a cambio de un jugoso sueldo. Hasta febrero del 2006 cobraba 5.763,55 pesos un sueldo de privilegio nada más por realizar tareas de mantenimiento. Además, viajó a Alemania para presenciar el último Mundial. Gratis para él, financiado por alguna influencia “amiga”.

Después de la famosa pelea entre Alan y Adrian por el liderazgo de la barra, los amigos inseparables hasta ese entonces se separaron. En febrero del 2007, la conocida “Batalla de los quinchos” fue el primer indicio de lo que se venía,  ambos bandos chocaron en una feroz pelea que dejo un herido de bala y otros 3 mas con lastimaduras de armas blancas. En junio del mismo año, se volvieron a enfrentar y la lista de heridos y sangre derramada fue superior.

El sábado previo a la muerte de Acro, en José C. Paz, existió una nueva guerra entre ambas facciones que luchan por el liderazgo de la barra. Según cálculos aproximados, el “negocio” dejaría a sus dueños una ganancia cercana a los 200.000 pesos mensuales.

En la noche del martes 7 de agosto del 2007  se desató el episodio más violento  cuando Gonzalo Acro salía de un gimnasio en Villa Urquiza fue interceptado por un grupo de asesinos que le ejecutaron  tres balazos (uno en el muslo y dos en la cabeza), fue trasladado de urgencia al Hospital y tras 30 horas de agonía falleció.

A más de 4 años de su muerte los principales acusados del crimen fueron los hermanos Schlenker que a pesar de ser condenados a prisión perpetua hoy se encuentran en libertad debido a que el juicio todavía no concluyo. Otro capítulo negro de la violencia que domina el fútbol.

Manuel López Blanco

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Policía rosarina ¿gatillo fácil?

En muchos casos criticamos a la policía por su accionar, su falta de compromiso para abordar ciertas situaciones, sus preferencias por mirar al costado en lugar de actuar, o criticamos que no realizan bien su deber, pero cuando estos reprimen, existen casos en donde se realiza de manera injustificada.

Este es el caso de la policía rosarina. Nos remontamos al año 2006. Se jugaba el clásico rosarino en el Torneo Apertura, entre Newells Old Boys y Rosario Central. En una tarde bajo un marco imponente en la cancha de Central, “El gigante de Arroyito”, ambos equipos enfrentados en una ciudad tan futbolera como es Rosario, unas 42 mil personas se preparaban para el espectáculo.

El partido comenzaba con el tradicional carnaval en las tribunas, rebosantes de color y papelitos por doquier en una cancha colmada. En dos rápidas jugadas, el local se ponía en ventaja por 2 a 0 con dos goles de Wanchope en 20 minutos del primer tiempo. Para alegría de sus hinchas, llegaría un tercer gol al finalizar el primer tiempo. En una gran jugada de Eduardo “Chacho” Coudet, los “canallas” estaban ganando, goleando y gustando, con el condimento adicional como es hacerlo frente a su clásico rival.

Pero la alegría duraría poco. Es que apenas comenzó el segundo tiempo, el árbitro del partido, Horacio Elizondo, comenzó a escuchar disparos y decidió interrumpir el encuentro. ¿Qué había pasado? Las balas provenían de los policías asentados a un costado de la cancha que comenzaron a disparar balas de goma y lanzar gas lacrimógeno a la parcialidad de Newells que miraba tranquilamente el partido, aunque enojados, y es lógico, por el abultado resultado y el flojo desempeño de sus jugadores.

Es sabido que la policía rosarina no es de las más criteriosas a la hora de diseñar y ejecutar operativos policiales (esa tarde fue de 1400 policías) y en este caso una gran falencia, como es comenzar a disparar a mansalva contra una hinchada indefensa y sin motivo alguno.

Lo cierto es que el partido se reanudó y unos minutos mas tarde, Araujo marcaba un tanto para “la lepra”, acortando así la diferencia y brindando un sesgo de esperanza a sus hinchas, todavía desconcertados por lo vivido hacía minutos.

El partido continuaba y de fútbol, a pesar de los goles, se veía poco. A los 25´ de la segunda parte, Newells tenía dos jugadores menos, producto de dos expulsiones y encima Elizondo cobraba penal para Rosario, que González se encargó de convertirlo en gol. Así, el resultado final fue de 4 a 1.

Una vez finalizado el partido, se repetían los disparos de la policía rosarina hacia los hinchas del rojinegro. Nuevamente los motivos no eran claros y la imagen más polémica y que aun está presente en el recuerdo de esa bochornosa tarde es la de los policías disparando como si participaron de un torneo de caza y a las carcajadas, contra un puñado de hinchas que solo iban a ver un partido de fútbol y eran víctimas del gatillo fácil de unos uniformados que presumieron de su poder, ese que les transmite el de poseer un arma de fuego. De lo que no fueron concientes es que se utiliza en último recurso y con el fin de cuidarnos a los ciudadanos, no al revés.

Es algo a lo que nos hemos acostumbrado a ver en los clásicos: brutalidad policial, locales aledaños al estadio saqueados, autos destrozados, patadas, expulsiones, violencia, disparos, enfrentamientos…una lástima que el color de la previa y en las tribunas, quede opacado con una marca negra en nuestro deporte, por pésimos operativos de la policía, casos de gatillo fácil y los destrozos en las tribunas de unos pocos e inadaptados hinchas que no saben perder y terminan perjudicando a su equipo.

                                                                                                                    Nicolas De Brasi

                                               

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El caso Álvarez

El 15 de marzo del 2008, San Lorenzo y Vélez Sarsfield se enfrentaban en el Nuevo Gasómetro (estadio de San Lorenzo). A pocos minutos de iniciado el encuentro, la hinchada del equipo visitante, empezó a provocar incidentes en la tribuna popular. El resultado parcial del encuentro era 0 a 0, por lo que se desconocían los motivos de la violencia provocada por estos simpatizantes. Luego de unos minutos en donde los hinchas forjaron los alambrados, lograron provocar el corte de uno de estos, siendo así este un motivo determinante para suspender el encuentro. Sin garantías por parte de la policía, el arbitro Baldassi decidió rápidamente dar por suspendido el encuentro.
Momentos posteriores se conoció la causa del hecho: habían asesinado a un hincha de Vélez. El suceso se produjo en uno de los colectivos que transportaba a los hinchas de Vélez hacia el estadio de San Lorenzo, a aproximadamente 15 cuadras de distancia donde se disputaría el encuentro. San Lorenzo y Vélez son dos equipos que en estos últimos años han causado varios conflictos debido a su rivalidad, pero nada de esto justifica la violencia, mucho menos el asesinato de un hincha. El fatal hecho ocurrió en el cruce de las calles Perito Moreno y Mariano Acosta, en donde la policía generalmente custodia la Zona. Según testigos del hecho, los hinchas de Vélez intercambiaron verbalmente con otros de San Lorenzo y el joven que viajaba en el colectivo recibió un disparo que no se pudo determinar con exactitud de donde fue su origen, pero todo apunta a que fue realizado desde un edificio del lugar, por un hincha de San Lorenzo de Almagro.
Hoy en día, luego de varios cambios judiciales, el condenado a la causa, quien había sido sentenciado a 15 años de prisión, fue absuelto, y su condenada fue anulada por la Cámara Federal de Casación Penal, al considerar que existió una “arbitraria valoración de la prueba”. En otras palabras, se generaron dudas sobre la responsabilidad del imputado.
Este es otro lamentable caso más de tantos que manchan este lindo deporte, que día a día esta empeorando a nivel social y cultural en nuestro país. Es hora de hacer un cambio, de otra forma, seguir por este rumbo seria perjudicial para nuestra sociedad.

Rodrigo Ibañez

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El caso Zacarías

La violencia en el fútbol parece no tener fin. Pero no es un caso de la actualidad. Lamentablemente nos hemos acostumbrado a ver el fútbol argentino, el deporte nacional por excelencia, como un ring de box, en lugar de lo que debería ser, un espectáculo. Hoy canalizamos nuestra ira, enojo, angustia y demás sensaciones en una cancha, marcando al rival o al árbitro como ni enemigo. Eso genera muchas veces simples “ puteadas” y en el mayor de los casos, golpes de puño y desmanes.

Lejos quedaron esos días donde se podía ir en familia a la cancha y volver tranquilo a casa. Manchados quedaron los hinchas comprometidos y fieles a vestir los colores del club por un puñado de inadaptados. Hoy la escena la protagonizan los barrabravas, quienes dicen ser hinchas del club, pero son empleados del mismo y poco sienten por esos colores, o por lo menos así parece. Ellos y sus negocios, chicanas, clientelismo, disturbios, enfrentamientos, discriminación. Y la lista sigue…

A continuación nos remontaremos a un trágico episodio ocurrido hace ya varios años en la ciudad de Córdoba. Allí se disputaba un partido clave entre Instituto y San Lorenzo. Al parecer, la violencia en el fútbol ya cuenta con varios años de historia negra.

Era un 8 de mayo de 1988, tarde en la que se enfrentaban Instituto-San Lorenzo en Córdoba. El partido iba 0 a 0 y estaba por finalizar el primer tiempo cuando una bomba de estruendo lanzada desde la tribuna popular del club cordobés, que oficiaba de local, explotó en una ventana del vestuario visitante, de cuyos vidrios partió una esquirla que lesionó gravemente a Claudio Zacarías, defensor azulgrana.

El incidente derivó en una fuerte sanción para Instituto: el Tribunal de Disciplina le dió por perdido ese partido al club cordobés; le descontó dos puntos al final de la temporada 87/88; inhabilitó el estadio de Alta Córdoba y le restó un porcentaje de las recaudaciones durante seis fechas. Además, el club debía indemnizar al jugador con $460 mil pesos. Dos años después y en medio de una crisis general, Instituto descendió al Nacional B.

Hoy, cuando pasaron 24 años de aquel incidente, Instituto volvió a la primera división pero el juicio iniciado por Zacarías, quien dejó el fútbol hace un par de años cuando no pudo recuperar el nivel que mostró en San Lorenzo, continúa.

La mayor indignación que se produjo esa trágica tarde para ambos clubes ocurrió en los vestuarios, con ambos técnicos molestos por la agresión al juez Rabinovich. Edgardo “Patón” Bauza, DT de Rosario Central en aquel momento, dijo: “Me asusté cuando vi sangre en su cabeza. En el aspecto deportivo esto crea problemas, porque estamos jugando la copa Conmebol y tenemos muchas posibilidades de ingresar a la copa Libertadores”.

Ernesto Corti, quien era Director Técnico de Instituto, manifestó esa tarde: “Estos hechos de violencia se tienen que acabar. No puede ser que por un loco se eche a perder el trabajo de mucha gente, y de un club tan prestigioso como Instituto”.

En su fallo, llevado a cabo el 15 de abril de 2007, la Corte liberó de responsabilidad a otras dos instituciones demandadas por el ex jugador: la provincia de Córdoba, a través de su cuerpo de policía, y la AFA.

Asimismo, se dio por probado que los responsables de las heridas sufridas por Zacarías, acusados por lesiones culposas, eran integrantes de la barrabrava del club demandado, y que en esa condición tenían libre acceso a las instalaciones en los días de partido.

Los ministros Eduardo Moliné O’Connor,  Augusto Belluscio, Santiago Petracchi,  Gustavo Bossert, Guillermo López, Adolfo Vázquez, y Antonio Boggiano (éste último en disidencia parcial) entendieron que la AFA “no organiza ni participa del espectáculo, ni ejerce control directo sobre los espectadores”, por lo cual se la desvinculó del incidente.

“Estuve más de diez años luchando para que se haga justicia y creo que finalmente sólo condenaron a una de las partes. Para mí, tanto AFA como la policía cordobesa también eran responsables de la agresión”, remarcó Zacarías.

El jugador de San Lorenzo aún no sabe cuándo se va a hacer efectivo el cobro de la indemnización porque Instituto se declaró en quiebra.  “Cuando veo que Ruggeri o Higuaín se retiraron a los 35 años, me da mucha nostalgia. Me hubiese gustado mucho seguir jugando y borrar esa tarde de mi vida. Con la ayuda de mi familia y amigos, intento salir adelante”, concluyó.

Lo que no concluyó y esperemos verlo pronto como amantes del fútbol es la violencia. ¿Llegará en un futuro cercano el día en que la policía no conviva con estos delincuentes barrabravas y permitan su acceso a la cancha? ¿Veremos hacer cumplir realmente los derechos de admisión para que asistan solo los amantes del buen fútbol y puedan ir con sus hijos a la cancha en paz? ¿Podremos disfrutar de un partido sin tener que lamentar víctimas fatales e inocentes? Son muchas preguntas para las que no tengo respuesta por el momento. Para solucionar los problemas de afuera, primero debemos solucionar los nuestros como sociedad. Y si ese día llega, verdaderamente seremos una sociedad más justa, solidaria, pacífica, organizada y fundamentalmente, respetada.

La realidad es que mientras siga dejando tanta plata el negocio del fútbol, seguiremos viendo este tipo de hechos domingo tras domingo, con los barrabravas como protagonistas de cada partido, y el espectáculo en sí pasa a un segundo plano. Fútbol para Todos. Violencia para Todos. ¿Deporte? Para muy pocos…

                                                                                                             Nicolas de Brasi

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¿Hasta cuando?

25 de junio de 2007. Esa tarde calurosa en Buenos Aires, Nueva Chicago (Mataderos) y Tigre (Victoria) disputaban una promoción (partido de ida y vuelta para definir cuál asciende a primera A y cuál desciende a la categoría B). El primero hacia las veces de local. Era un verdadero clásico y miles de corazones se paralizaron frente a los televisores para presenciar una tarde histórica.

Pero lo que sería un espectáculo terminó siendo una tragedia. Un hombre de 41 años (hincha de “El Matador” de Victoria, Tigre) falleció tras recibir una pedrada cerca del estadio de Nueva Chicago. La violencia se desató cuando los locales invadieron el campo de juego, antes del final del partido. Una vez en el campo de juego, estos “delincuentes” atacaron al público visitante y dieron inicio al enfrentamiento que siguió en las calles de Mataderos aledañas al estadio. El equipo de Victoria ganaba 2-1 y tenía un penal a favor. Pero el partido terminó suspendido, y Tigre – que ascendía a la máxima categoría del fútbol argentino ni siquiera pudo festejar en el estadio – ya que la batalla campal dejó un saldo de 1 muerto, 14 heridos y 78 detenidos.

Todo comenzó con un penal para Tigre. El partido se terminaba y el “Matador” de Victoria ganaba 2-1. Ascendía a Primera División. Los hinchas se preparaban para invadir el campo de juego y festejar el regreso a la máxima categoría tras 27 años. Pero la gente de Nueva Chicago se les anticipó. Enojados por el descenso de su equipo, saltaron a la cancha, robaron prendas a sus jugadores y fueron directamente a enfrentarse con la parcialidad que llegó desde Victoria. ¿El partido? No pudo seguir. ¿Los incidentes? Se convirtieron en otra mancha negra para el fútbol de nuestro país.

El árbitro del encuentro, Gustavo Bassi no tuvo oportunidad ni siquiera de finalizarlo y debió suspenderlo. Tanto él como los jugadores salieron disparados hacia los vestuarios, mientras que los miles violentos aumentaban en cantidad su presencia en el campo de juego. Algunos de ellos preocupados por conseguir alguna prenda de sus jugadores que afrontarán la próxima temporada en la B Nacional, pero la mayoría con la mente fija en tomarse revancha contra los cientos de hinchas visitantes.

Más de uno de los simpatizantes de Tigre que ya estaban del lado de adentro, preparados para saltar, se llevaron una desagradable sorpresa. Ninguno de esos la pasó bien. Eran muchos los hinchas del “Torito” (nombre que recibe Nueva Chicago) que pegaban a más no poder. Pero no alcanzó con eso. Los violentos, locales, barrabravas e inadaptados rompieron el alambrado y arrojaron piedras, carteles de publicidad y todo lo que estaba a su alcance para agredir a los hinchas de Tigre, quienes en lugar de disfrutar de un espectáculo deportivo y celebrar la victoria y el ascenso debieron huir, con la triste noticia de saber que uno de los suyos había fallecido. ¿La policía? Un puñado de efectivos metidos en el medio, intentando parar los desmanes, con resultado negativo.

Pero no todo terminó dentro del campo de juego. La batalla campal entre las dos hinchadas siguió en las inmediaciones del estadio, llegando hasta General Paz, a cinco cuadras de donde comenzaron los incidentes. En las intersecciones de la colectora de la avenida que divide a Capital Federal y Provincia, con la calle de los Corrales, se registraron varios destrozos y ataques de todo tipo, con la policía intentando intervenir, pero sin resultado alguno. Una cuadra de autos destruidos y un micro de hinchas demorado fueron el saldo de ese enfrentamiento. Una verdadera locura.

 

Como consecuencia de un pésimo operativo de seguridad y la inoperancia policial, diez policías fueron atendidos con heridas, en consecuencia de los incidentes, al igual que una cantidad importante de hinchas.

Más allá de eso, la justicia clausuró el estadio, debido a la presencia de un fiscal contravencional y la “condena” de la opinión pública y los medios de comunicación, quienes rápidamente acusaron a las fuerzas policiales y la AFA de no poseer o llevar a cabo un plan u operativo pertinente de seguridad para un partido decisivo y con dos hinchadas violentas como son la de Tigre y la de Nueva Chicago.

A más de 5 años de aquel encuentro los responsables de aquel operativo aún no aparecen. Es la justicia que tenemos en Argentina y hechos violentos evitables que se repiten cada fin de semana en nuestras canchas. Una vergüenza nacional. ¿Hasta cuándo?

                                                                                                                           Nicolás De Brasi

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